Aura
Ferro empató 1 a 1 ante San Miguel, en su estreno en Caballito. No mereció perder y con un bombazo agónico del uruguayo García logró llegar a la igualdad.
La Real Academia Española define, en su principal acepción, que el aura es una irradiación luminosa inmaterial que rodea a ciertos seres. Esto es lo que tuvo Oeste en la tarde que llegó a ese grito sagrado con una volea antológica de Franco García para evitar una caída injusta. Porque el Verdolaga este tipo de partidos antes, normalmente, los perdía. Pero esta vez con ese empuje, sacrificio y actitud tuvo su recompensa.
Rondina presentó dos modificaciones: Orellana, obligada por la lesión de Tevez, y Ángel González, táctica por Kabalin. Con esto buscaba mantener el 4-4-2 base, para alimentar esa dosis de juego que le había faltado contra San Telmo. Y realmente le funcionó porque mientras Cuzzani se movió por detrás de los referentes de área, con Castellani y Obradovich conduciendo por detrás, Speedy casi se ofreció de opción como extremo derecho, por eso el local asentaba sus ataques por el carril diestro. En la izquierda, al quedar el lugar vacío, era Corda quien se transformaba en el cuarto componente ofensivo y esto no sería un daño menor.
Oeste tuvo posesión, por momentos le faltó profundidad al chocar contra el rocoso y granítico 4-4-2 de la visita. Aún así se la ingeniaba para sostener la superioridad 3 vs. 2 en el medio sobre Coco Ferrero y Desábato. Cuzzani no se estancaba por adentro, se abría para estirar, permitir el acceso de Gonzalo con cancha de frente para filtrar o buscar el arco y siempre ser tres los que terminasen pisando el área con González o Corda llegando. El que maneja el medio, maneja el partido y nuevamente se destacó a Obradovich como si tuviera 50 partidos en Primera (Plot twist: es el cuarto). El 5 sigue rectificando la confianza que le otorga el entrenador siendo ese volante central total que requiere el andamiaje de un equipo. Primer pase, salida clara, velocidad en la circulación de pelota o administrar la pausa, despliegue, ubicación y tiempista en la marca para las coberturas que necesitó un conjunto más desbalanceado, en busca del rol protagónico al cual estaba obligado a afrontar.
¿Qué fue lo que le faltó en el primer tiempo? Lo más importante de este juego: el gol. Los puntas hacían bien todo el trabajo sucio al tirar diagonales, pivotear, ganar infracciones, pero no estuvieron finos al momento de la definición, particularmente Dening. Lo que indefectiblemente es un detalle menor. Si el equipo fabrica situaciones, en algún momento el gol va a llegar, pero en pos de la reiterada seguridad que deben tener en su juego, es fundamental que los delanteros se empiecen a desbloquear frente al arco. La ansiedad de Mateo por convertir y la ineficacia del 7 frente al arco fueron marcando el rumbo del juego. Trabajan para el funcionamiento del equipo, pero necesitan serenarse dentro del área, porque en definitiva lo más complicado, que es la edificación de juego al abanicar la pelota hasta estirar al rival o buscar un pase punzante, lo tuvo.
Lo dicho, el Sapo Coleoni, viejo bicho de ascenso, jamás se inquietó a la superioridad de Ferro. Cada jugada malograda, era la confirmación de que todo estuviese saliendo según a lo planeado por su entrenador: esperar su momento y aprovecharlo. El trabajoso San Miguel ya había avisado con una palomita de Nasta y en la segunda no perdonó. Con gran lectura, tras la pérdida de González en el medio, ya tenían premeditado hacia donde debía orientar la jugada (espaldas de Corda, un talón de Aquiles el cual no se solventó ni desde el primer amistoso de pretemporada) para el centro de Oses y el gol del 9, en una jugada calcada a la anterior. Castigo a la falla en la finalización por un lado y premio desmedido para la contundencia por el otro.
El complemento dejó cosas positivas por encima del juego que mantuvo tanto como las situaciones malogradas: actitud, coraje y lo más importante, paciencia. Nunca se venció y los cambios le dieron más equilibrio buscado. De arranque Campos y Kabalin fueron el primer mix para darle más orden al equipo. El Boni seguía manejando el juego con sus lanzamientos desde el medio, pero Coleoni metió s Brochero con persecución individual sobre Martín. Esto prohibió que sea el conector en la medialuna, como Cuzzani en la primera mitad, obligarlo a jugar de espaldas, hasta terminar perdiéndose al estancarse sobre la derecha donde no terminó de ser gravitante. Por la izquierda Kabalin le dio más llegada y ordenó a Corda, con quien volvió a generar un tándem equilibrado por ese costado. Las siguientes modificaciones le dieron mucho más armonía, cuando Castellani fundió se cambió al esquema al 4-3-3 con Parisi de extremo por derecha pero la armonía definitiva fue con el ingreso de Ozuna, pasando Corda al lateral derecho, en lo que terminó siendo un concierto de centros. Bien en la ejecución y, como toda la tarde, mal en la definición.
Pero si hablamos de la resiliencia que tuvo el equipo para no darse por vencido y del aura, entonces todo quedó en esa última bala de plata que usó el Huevo: el uruguayo García, que bien conoce las dos primeras características de este párrafo. Porque en el tramo del cómo sea, cuando la guerra táctica estaba juzgada, calzó esa pelota perfecta tras el centro de Tarón en la volea de todos los sueños. Y eso es con lo que nos tenemos que quedar. Que Franco, de diez pelotas que calce de esa forma pueda tirar nueve a la tribuna pero que eso es netamente anecdótico, porque Ferro volvió a demostrar personalidad, confianza y huevos. El camino que pueda unir a jugadores e hinchas. Porque desde el juego hizo todo menos el gol, pero al igual que el Uru quien siempre le toca pelear de atrás, nunca se entregó de corazón, en tal vez la principal diferencia al 2025 en el que se los veía rendidos frente a cada adversidad.
El Verdolaga en dos partidos ya enseñó variantes en su esquema con futbolistas polifuncionales (Ozuna ya fue volante o lateral por izquierda, Corda jugó en ambos laterales, Kabalin puede ser interno por derecha o izquierda, donde mejor se desenvolvió), un doble eje con Obradovich y Castellani que manejan y ordenan, y reponerse a las adversidades. ¿Le falta? Seguro, en ls definición de sus puntas que solo deben convertir y en maniobrar los retrocesos sobe el carril izquierdo, deberá buscar dar el salto evolutivo en su consolidación, pero lo más importante ahora es que con el ánimo por las nubes deba viajar la semana que viene a una de sus paradas más complejas de esta Primera Nacional.
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