Monazo en rodeo ajeno.
Ferro empató 1 a 1 con Colón, en Santa Fe. Pudo perderlo, pero también ganarlo. Fue superado por pasajes pero demostró personalidad. Kabalin, el gol. Monetti le atajó un penal clave al inicio a Bonansea.
Creo que la gran mayoría firmaba el empate en la previa por tratarse de una de las paradas más bravas que el Verdolaga tendrá que afrontar en la Primera Nacional: uno de los máximos candidatos, el equipo de mayor presupuesto y en su casa. A esto hay que sumarle que sobrevivió a dos contextos desfavorables más. El primero fue un arbitraje totalmente localista de Bruno Amiconi, quien en el amanecer del partido se inventó un penal para el local; y el otro, la lesión imprevista de Orellana que determinó que Oeste terminara jugando con dos centrales zurdos en el fondo. Si ya de antes y más todo esto, el punto dejaba buenas impresiones, que hayamos terminado con la sensación de que también se pudo ganar es un buen síntoma y vale más que el empate en sí. Porque después de todo lo que sufrió, cuando se acomodó logró maniatarlo y el tiro libre de Kabalin que viajó al travesaño, fue el exacto momento que pudo haber sido el disparo que rematara al equipo de Medrán. Pero no se dio. Entonces, puntazo.
Si no se ganó fue porque el travesaño le dijo que no a Kabalin, pero si no se perdió fue por el Mono Monetti. Ferro tiene un arquero que es mucho más importante que por aparecer en momentos culmines, como en el invento del penal que sancionó el árbitro que hubiesen derivado en la alteración normal del desarrollo del juego. Esa tapada a Bonansea, esperando hasta último momento el remate, fue su peak en los 95 minutos, pero también apareció para ganarles duelos a quemarropa al propio 9 y al imparable Cano, que lastimó sin dar referencia por todo el frente de ataque. Aún con eso, el 1 es más importante por su mentalidad. Ganador total, contagia y con sus atajadas transmite seguridad, en el resto, de que el arco va a estar bien cuidado. Y tendrá alguna que erre, como en esa salida fallida del arco, pero eso viene en el combo completo. Ante una defensa frágil por las bandas, la respuesta es Fernando Monetti.
El Huevo Rondina presentó dos modificaciones respecto al empate ante San Miguel. Y por el armado del banco de suplentes se tuvo la percepción de que buscaría un equipo más combativo, de mayor orden y fiereza que de juego. Pero aún así cuando pudo, y esta vez de una forma más vertical, jugó. Porque la forma de lastimar a Colón con su 4-2-3-1 era con transiciones rápidas y en eso la pelota pasaba poco por Obradovich y Castellani, pero cuando pasaba le daban la pausa necesaria, la calma o la aceleración para perforar a la última línea con un pase vertical.
Y en ese aspecto constructivo, Ferro tiene un jugador completo que es Manolo Dening. Todas las situaciones de riesgo pasan por él. Arma y hace jugar. Se conjuga con los laterales. Inteligente para tener ese segundo de más. Saca velocidad por su experiencia para saber ubicarse. Y las guapea todas. Dificilísimo de marcar. En Santa Fe no contó con situaciones propias, y ante el Trueno Verde el gol se le negó, pero es insoslayable remarcar que es más fundamental en la generación que en la finalización. Oeste tiene dos media punta, que pivotean, pelean, construyen. Falta el gol, porque al igual Acosta, destacan más por su lucha que por sus concreciones, que irremediablemente en algún momento deberían aparecer. Por eso, en este inicio de temporada preocupa más la poca solidez defensiva y los retrocesos, principalmente por la izquierda, que la anemia de gol de los delanteros, que mientras sigan contando con situaciones ya se les va a abrir el arco.
Sí, porque una vez más, los ataques del conjunto santafesino llegaron con construcciones a espaldas de Corda. Antes del gol hubo un aviso, que Nazareno Kihm evitó en la línea y minutos más tarde, ya con sus variantes realizadas Conrado Ibarra llegó a la igualdad en otra jugada calcada, que a su vez tuvieron vibras del gol de Nasta de hace una semana, con la diferencia de que Bonansea se tomó un tiempo más para juntar dos marcas y asistir al extremo que entró solo. Ya es alarmante la reiteración de situaciones idénticas que le fabrican. Lo fácil es caerle a Corda porque todo el aaño se produce a sus espaldas al no estar o llegar tarde, pero termina siendo una consecución de errores que van cayendo cual pieza de dominó. Esta vez, Castellani dividió, Corda pierde un duelo, Tarón de gran partido falla en el anticipo, Obradovich no llega a cubrir por la izquierda, Orellana quedó en mitad de camino y Ángel González y Kihm fueron a cerrar a Bonansea, para que el extremo opuesto llegara solo con arco de frente. Y el Mono no te puede salvar siempre. Todo esto obliga a Oeste a un partido perfecto. Un duelo perdido, un pase mal dado y el rival sabe que si ajusta por la izquierda tiene una chance clara fabricada. Se debe trabajar mucho y urgente.
Colón se partía mucho con Marcioni primero, Beltrán después, Lago, más Cano y Bonansea. Apostaba a que el medio fuese dominado por Antonio y Muñoz. Y la visita no presionó alto. Rondina incluyó a Ozuna y Kabalin para tener persecución individual sobre Peinipil y Castet, pero también para ser complementos ofensivos para terminar por adentro, porque obviamente tanto Corda como Kihm, siempre van. ¿El problema? Que si se exponía al golpe por golpe y dejaba el orden estratégico de lado, sufría la jerarquía de su rival. Bajo esa matiz, si bien la primera parte del juego fue dominado, cuando se acomodó dejó de pasar zozobra. El segundo tiempo empezó siendo todo del Verde, incluso post gol de Kabalin, tras otro centro venoso de Ozuna. Ahí fue donde más manejó los tiempos con tenencia y paciencia.
Se celebra la postura. Rondina no fue a ver qué pasaba. Buscó presionar en bloque medio para que se adelantaran Pier Barrios y Rasmussen. Incluso el primer cambio fue pensando en no replegarse al incluir a Ángel González para buscar una contra que no llegó. Las salidas de los desgastados delanteros trajeron dos problemas: llegó inmediatamente segundos antes del empate y a partir de ahí a Ferro le costó descansar en Parisi y García quienes perdieron constantemente y jamás pudieron aguantar la pelota. Para ese tramo final, con el empuje local se volvió a agarrar la lapicera, aunque supo enfriar el partido, que fue lo que faltó post gol con la confianza de conseguir el segundo.
Otra vez la personalidad como premisa, más allá de un juego adaptativo. Así será este equipo que lejos de un once de memoria, pareciera ir rumbo a un once ideal en cada partido. Y a un estilo definido según el rival. Ya demostró presión alta en la Isla Maciel, juego de tenencia y sociedades con San Miguel, verticalidad y combate ante Colón. Pero en los tres partidos tuvo algo en común: actitud. Se repuso en todos a momentos difíciles y no se entregó. El puente conductor para generar un vínculo con la gente que se va trazando. Que el hincha se sienta representado. Que las injusticias de penales mal sancionados, terminan con sabor a justicia, lo agigantará. Y en el mientras tanto, incluso en distintos pasajes del partido, jugará mejor o peor con cosas a trabajar. Pero no negociará la entrega, que es el camino a los objetivos cumplidos.
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