Lo de siempre
Ferro cortó su buen arranque y cayó 1-2 ante Godoy Cruz, en Mendoza. Regaló un muy mal primer tiempo y no le alcanzó con la discreta segunda mitad. Franco García anotó el descuento y Emanuel Dening se fue expulsado.
Como si fuese algo que se repite en bucle, una vez más Ferro le dio vida a un equipo que hacía ¡trece partidos! que no conocía la victoria y que acumulaba diez presentaciones sin ganar en su provincia. Y no es por sacarle méritos a Godoy Cruz, pero quedó la horrenda sensación de que Ferro lo perdió, más de lo que se lo ganaron por los errores defensivos graves que cometió y la falta de ideas en su búsqueda ofensiva, acentuándolo en esta derrota con los problemas que se habían evidenciado en las primeras tres fechas y que ahora se agigantaron. Entonces esta caída caló hondo y puede ser un quiebre para bien, si se toma nota en todas las fallas a nivel individual y colectivo que contó el equipo, o para mal si todo esto no se corrige en un tobogán que derivará en la misma lucha del año pasado.
Para resolver los problemas defensivos de las primeras fechas, Rondina optó por cambiar la zaga. Y los centrales titulares del verano dieron más problemas que soluciones. Porque el equipo de Toedtli siguió lastimando por la misma banda para llegar así al tercer gol consecutivo que los rivales de turno fabrican por la izquierda, en la punta que debería estar Corda pero que nunca está para marcar, aunque tampoco figure para ser una opción concreta en ofensiva. Otra consecución de errores que derivó en un gol tempranero. Por ende, eso de especular con el nerviosismo de su público con el 0-1 a los 7 minutos no pudo ser opción. Sin embargo esta vez, las fallas no solo vinieron por la izquierda sino que, más allá del grosero furcio del segundo tanto en un yerro compartido entre Tevez y Monetti que derivó en el anticipo de Ulariaga al central, la defensa en ningún momento dio seguridad ante un equipo que tampoco lo exigió por demás. Y a veces modificar la base de la última línea puede traer estas estas complejidades si no se complementan a la perfección. Perdieron en velocidad y dudaron en cada envío aéreo. No solo no se solventaron los descuidos a las espaldas del lateral izquierdo sino que se agravaron contratiempos que antes no se habían visto. Y esa kriptonita detrás de Corda era algo presumible desde la pretemporada, que aún con distintos intentos de relevos y coberturas no se arreglaron.
Por eso lo perdió Oeste, pero ¿por qué nunca entró en partido? Por esa carente falta de juego que ya venía acarreando en las primeras fechas, pero que se pronunció de forma profunda ante la exigencia de salir de lo predecible. La visita fue demasiado vertical, por eso no tenía fútbol. Kabalin y Ángel González son solo para ir hacia adelante, por eso en los primeros 6 minutos que el Verdolaga trató de dañar se veía un juego directo para llegar a los puntas. Dos o tres toques. Ante tanta prisa, sin ese tiempo de más para romper líneas frente a rivales que ocupan espacios, el único que podía ser disruptivo con un pase filtrado al espacio era Castellani. Él solito. Sin socios. Por lo tanto, si al Boni le toca un mal día, se vuelve errático o le duplican la marca, lo más probable es que el remedio se vuelva enfermedad porque los de afuera terminan corriendo más de lo que puedan jugar con la pelota, para que todo derivara en pelotazos a los delanteros. ¿Hay alguna solución a esto? Sobre el final de la temporada pasada, los mejores atisbos de juego asociado la habían dado la combinación entre Cuzzani y Campos, quien actualmente tampoco pareciera encontrarse en su mejor forma. Indudablemente en la mitad de la cancha, para encontrar su salto evolutivo desde la tenencia, es donde el entrenador posee una mayor capacidad de variantes para probar y adaptar las mejores sociedades, con la pena del tiempo perdido sin poder remediar esta ausencia de fútbol incluso con un paro de por medio.
Donde el DT no tiene tantas variantes es en el ataque. Los delanteros titulares no están haciendo goles. ¿Pero no convierten por ineficacia o por falta de situaciones? Los contratiempos, en este caso, sería si ninguno de los dos titulares pueda convivir en su hábitat dentro del área, porque todos los equipos que intentan pelear por algo tienen un goleador y Ferro hoy parece no encontrarlo. Pero más que una negación frente el arco, el inconveniente pareciera terminar siendo por otro estímulo del estilo seleccionado. Por lo tanto, sin tanta abundancia de modificaciones en esa posición se debe buscar otra manera de alimentación. Ante una iniciativa de pura salida larga del fondo, el que más volvió a sufrir este contexto fue Acosta, quien perdió mucho más de lo que ganó y sin una generación de juego que abastezca a los puntas, de nuevo padeció jugar más de espaldas que con arco de frente. Todas eventualidades que podrían resolverse si la fabricación de las jugadas lo tuviesen como finalizador. Por desarrollo, Dening es el que más cómodo se sintió pero, aunque sea el nombre en común que se reitere en todos los ataques, que únicamente se limite a ganar infracciones, sin aprovecharlo del todo por las imprecisiones del Boni en las pelotas paradas, tiene sabor a desperdicio. A su vez, vale remarcar, que todo lo bueno que el 7 pudo hacer con su sacrificio y despliegue se eliminó al hacerse expulsar de forma infantil.
Entonces, con Montiel y Benegas a préstamo más los titulares a los que se les niega el gol (o las chances del mismo), el único que se salva del incendio generalizado es Franco García por algo simple: deja todo y patea al arco. Parece básico, pero es lo que todo delantero, ante un equipo de bajo vuelo creativo, debe hacer. Casi que se inventa sus propias chances porque su primera opción es buscar el arco. Eyectado por la confianza del golazo con San Miguel, el Uru cada vez que recibe busca posibilidades de disparo y, de tanto probar, también tuvo su recompensa. Rinde, ni más ni menos. Pero que un jugador de sus características de entrega y lucha termine destacándose como el mejor, también es otro síntoma fuerte de la falta alarmante de juego. Hoy, por ganas y momento, pide titularidad.
En definitiva, como su propio enemigo, Oeste sucumbió desde su planteo elegido y en los nombres que salieron a la cancha. No se podría constatar que haya tenido menos actitud que en las tres fechas anteriores, algo que se le destacó al equipo, pero sí que no tuvo la misma intensidad y energía de un rival necesitado. Y ya desde ahí quedó desparejo. Si bien buscó ser protagonista, en la primera, ante la parsimoniosa última línea tuvo que alterarse hacia un formato que lo incomoda, pero que incluso en Mendoza no contaba con posibilidades de construcción desde el pase. Godoy Cruz sabía donde tenía que pegar y lo hizo: por eso Puzzo se estacionó en la derecha para hacer lo que quería, con Pino fijando y Poggi llegando. Andrada y Romero duplicaron a Castellani y se acabó. Ferrito se terminó de partir solo, para terminar jugando a lo de siempre. Así se cocinó un primer tiempo que el local aprovechó los problemas estructurales e individuales pero que también sacó a relucir sus limitaciones ofensivas, por eso fue un mazazo para darle paso a una etapa complementaria donde dejó una mejor imagen, más por empuje que por inventiva. Rondina con sus 4 cambios en simultáneo, a mi entender tardíos, modificó a un 4-3-3, que si bien no sé si podría ser un sistema predilecto para el futuro, le dio más frescura, tuvo la posibilidad de estirar a su adversario finalmente siendo profundo por los costados y que hasta lo pueden llevar a sacar conjeturas desde lo individual con un Ozuna que pide pista.
Fue durísima la derrota ante el Tomba porque evidenció las falencias defensivas y organizativas que los resultados positivos estaban tapando. Una derrota que esperemos no sea un golpe de realidad, sino una llamada de urgencia al cambio hacia otro rumbo en la que el Huevo deberá meter cirugía mayor para solucionar los dramas en las dos fases del juego. Riqueza en nombres, hay. Aunque es una derrota que aploma el fervor que habían causado las expectativas de las primeras fechas. ¿Para qué esta este equipo? Es lo que debería revelarse en los próximos compromisos, para que todos tengamos los pies en la tierra. En busca de elegir el mejor equipo para el rival que viene, la constante pareciera ser ese viejo karma de resucitar a los equipos que llegan muertos con el mismo final de siempre.
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