Torazo en rodeo ajeno, versión 2026
Ferro le ganó 1 a 0 a Atlanta en Villa Crespo y cortó su racha de derrotas consecutivas. El equipo no brilló pero fue compacto e inteligente. Como cuando quemaban los papeles el año pasado, Lautaro Parisi fue el héroe y anotó el único tanto del partido.
La caída frente a Los Andes había dejado vibes 2025 de un equipo perdido desde el juego y hundido ante las respuestas que debía entregar en la cancha. Casi como un ultimátum, Rondina tomó nota y buscó la misma solución a la fórmula que lo rescató el año pasado: priorizar el orden, la disciplina táctica y aprovechar los deatalles. Incluso como un dejavú, el que lo terminó salvando volvió a ser el Toro Parisi con una arremetida como en aquel 2025, en una segunda jugada de una pelota parada, para definir un partido cerrado, pero que durante muchos tramos se jugó, guste o no, a lo que propuso el Verdolaga. Ahí empieza otro análisis más cercano a la subjetividad de cada uno, con respecto a lo que se vio en la cancha, si cada uno está conforme con el estilo y las formas.
Las dos derrotas consecutivas habían encendido todos los tipos de alarmas posibles con sus respectivos temores a cuestas, porque Oeste no solo había demostrado una anemia creativa, sino falencias en la parte defensa. Ante esto, Sergio Rondina priorizó acomodar la última línea por dos motivos claros. El primero, es que jugaba frente a un buen equipo, prolijo y mecanizado en condición de visitante. Y el segundo, paliar todas las dudas que acarreaban con cada pelota que llegaba llovida al área sumándole un central más para que jugara libre. Por ese mismo motivo fue que volvió a recurrir a la línea de 5. Aunque dejara de lado y continuara en deuda su costado ofensivo, como dice el manual armó un equipo de atrás para adelante y ahí dio en la tecla, porque no fue un partido vistoso, pero sí bien jugado. Lo otro quedará en los gustos.
Ferro jugó a que Atlanta no jugara y, al menos por esta vez, le salió. El equipo de Pellerano, con algunas bajas es cierto, no pudo sacar a relucir su mejor versión porque se sorprendió con el sistema rocoso que le propusieron los del Huevo. Tan inccómodo estuvo el Bohemio que ¡tres veces! en el mismo partido Pellerano tuvo que cambiar de sistema táctico y en ninguno pudo desequilibrar sobre el arco de Monetti. Empezó con un 5-2-3, mutó al 4-3-3 en el primer tiempo y terminó con un 4-2-4, pero en ninguno pudo demostrarse superior a un visitante meticuloso. ¿El plan? Siempre tener un hombre más para marcar. No hubo presión alta, sino que se lo dejó venir. Se sabía también que el local era un equipo de mucha posesión y jerarquía individual desde sus extremos. Con su 5-3-2, Ferro tenía superioridad numérica en el medio (Bisanz y Castro vs. Marra, Obradovich y Gómez, con uno sobrando) y también por las bandas (se bloqueó a Nacho Rodríguez con Khim y Orellana en marca escalonada y bajo el mismo método se replicó la estrategia para contener a Fedele con Ozuna y Tarón en la banda opuesta), mientras Tarón u Orellana tomaban a Quintana con Tevez de líbero, también sobrando. Así los dueños del Movistar Arena tuvieron posesión, pero nula profundidad.
Como indica el refrán de la manta corta, que reza que es imposible atacar bien y defender bien simultáneamente, la prioridad estaba bien marcada: destruir el juego de Atlanta y sacar a relucir todas sus limitaciones. Para esto en la parte creativa se incluyó una dupla de ataque de más sacrificio como García y Parisi, que corrieras más y tuvieran menos la pelota. Junto a un medio que intentó tener más despliegue con Marra y Gómez, más Obradovich en la base, pero siempe priorizando el orden, las búsquedas eran en largo hacia los costados con apoyos de los laterales, sin desequilibrarse y manteniendo su estructura al menos con 4 en el fondo. Buscó ser lo más compacto posible, avanzar y retroceder en bloque. Por eso la única chance del local en el primer tiempo fue cuando subieron juntos Ozuna y Khim, dejando espacios que desacomodaron el módulo defensivo. Aunque a su vez, también fue escueto la tarea en ofensiva con un remate del Laucha que se fue cerca del palo. Contexto chato, cerrado, de mucha falta táctica para evitar el ida y vuelta, nada atractivo, muy cortante, pero jugándose a lo que planteó Ferro y eso es con lo que hay que quedarse.
Arriesgado, sí, porque este tipo de planteos está a una desatención de que se te quemen todos los papeles si arrancas 0-1. Pero uno no puede hablar sobre supuestos, tiene que hablar sobre lo que pasó. Y lo que pasó en el Kolbowsky fue que Ferro jugó a protegerse y bajo ningún momento pasó zozobras. Lo ganó bien aunque pudiese haber terminado empatando, pero la moneda de la suerte esta vez cayó para el barrio de Caballito. Así de osados son este tipo de planteos. Se buscó achicar el margen de error en defensa y lo consiguió. Todas las falencias que había tenido, sufriendo por las bandas y con envíos aéreos, con tres centrales y laterales que apenas cruzaron mitad de cancha, los suplió. A tal punto que Orellana fue el que más se destacó por anular al siempre duro Quiroga. Por eso vale remarcar puntos individuales altos, porque tampoco le sobró nada aunque lograra a un equipo con una idea clara desde la pelota que nunca logró inquietarlo ni imprimir su juego. Después, aprovechó la que tuvo. Esa pauta que tantas veces surió de local, la aplicó fuera de casa.
Pero así también como se quedó de forma justa con los 3 puntos porque destacó su trabajo destructivo, vale remarcar que lo que más le cuesta a este equipo es generar fútbol. Hay cosas en el debe que la victoria no debe esconder. Por eso no es casualidad que Rondina haya ganado más partidos en condición de visitante que como local, porque al equipo se lo nota mucho más engorroso cuando tiene la obligación de irlo a buscar con tenencia de pelota, que desde el costado de la especulación, ocupando espacios en su propio territorio. Y ahí es donde deberá mejorar. No solo pensando en los enfrentamientos que deba afrontar en el Etcheverri, sino también ante la eventualidad de la desventaja en el resultado, para evitar caer en esa fina línea de la inteligencia para protegerse, enfriar un partido, cerrarlo, sacar de los cabales al rival y que de los ocho minutos de agregado, solamente se jueguen 120 segundos. Porque cuando necesite revertir un resultado tendrá que apelar a un Plan B, que a muchos les gustaría que sea el Plan A. Porque, vamos, ¿a quién no le gustaría que su equipo dé 15 pases antes de generar una situación de gol? Pero hoy por hoy, Ferro parece muy lejos de esto, si recién tras seis fechas está mostrando su faceta de solidez defensiva. Porque si Monetti no es figura ni determinante, es un síntoma de que el equipo funcionó. Entonces, tendrá que mejorar y trabajar lo otro, con la sensación de sacarse de encima un partido durísimo.
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