La grieta
Ferro empató 0 a 0 ante All Boys en Floresta. Tuvo su momento para ganarlo en el primer tiempo y no lo pudo aprovechar, pero cuando tuvo uno más, careció de ideas ofensivas… ¿Buen punto o puntito?
Agridulce es la mejor definición que define la igualdad ante el conjunto de Aníbal Biggeri. Porque Oeste demostró un mejor juego en los primeros 45 minutos donde mereció quedarse con el triunfo, pero que si analizamos el segundo tiempo queda la sensación de que con uno más no supo o no quiso ir a buscarlo, amoldándose a ese empate que termina quedando con sabor a poco, por cómo se dio el desarrollo del partido. Esto divide en una grieta la opinión verdolaga entre quienes se conforman con estos 4/6 puntos como visitante, por supuesto con cosas positivas como la solidez que se ganó fuera de Caballito, y entre los que exigen y creen que el equipo puede y debe dar más por no ser efectivo o resolutivo, acentuándose en esos quince minutos finales en los que no supo hacer valer ese hombre de más que tuvo en el cierre del partido.
Rondina repitió esquema pero no postura. Esta vez no salió a replegarse, sino a acomodarse en la mitad de cancha. La línea no fue de 5, sino de 3. Solo ver que Canto y Orellana, en lo poquito que duró en cancha, fueron los ejecutores de los saques de banda, denotaba que la visita ahondaba entre una defensa con 3 o 4, siendo Kihm el último componente que se amoldaba, con Hoyos jugándole por delante. Aunque para atacar se rompía y terminaba transformándose en un 3-4-1-2, con Hoyos como el nexo y conector del equipo. Esa actitud hizo que el 10 tenga un partido destacado, no solo por no pesarle en tomar las riendas de la conducción del equipo, sino que tuvo el entendimiento para saber cuándo aportar la pausa para juntar las marcas de Palacio y Turraca, para de esta manera liberar lugar para Parisi por derecha y Ozuna por izquierda. Hoyos entendía cuando jugar a un toque o cuando frenar para organizar, por eso Oeste manejó la mitad de cancha y con eso el ritmo del primer tiempo. El juego que no tuvo en Villa Crespo, en Floresta apareció aunque no fue acompañado por la eficacia frente al arco de Carrizo.
Así como Parisi había sido el héroe ante Atlanta, contra All Boys fue el villano, ya que en sus pies contó con las dos chances más claras para desnivelar el resultado: en la primera, a mi entender la más clara, trató de romper el arco pero se fue muy arriba y en la segunda, de arremetida, tras una gran jugada colectiva iniciada por Olguín y seguida por Hoyos, definió sin arquero desde un ángulo muy cerrado, donde no pudo darle la rosca necesaria. Así se lamentó el goleador, del cual nada se le puede reprochar por la importancia de sus goles. Como positivo, es el delantero que más chances se genera, ya sea de forma individual o colectiva pero en eso también vale destacar su despliegue y movilidad. No es el clásico 9 de área, esas diagonales entre los centrales y los laterales son lo que marcan la diferencia en comparación a un Franco García que volvió a demostrar un nivel de discreto para abajo cuando le toca entrar de arranque, y un Mateo Acosta al cual no le generan chances de gol y solo se limita a pelearse con los centrales.
Está claro que en lo que más se destacó el Verde en estos dos partidos fue en su orden defensivo. Línea de 5 o 3, en 180 minutos no sufrió ningún remate al arco y esas falencias a espaldas de los laterales parecen haberse solventado. No solo no le generan chances de gol, sino que tampoco logran inquietarlo con centros. Por eso el equipo de Rondina primero se basa en bloquear desde lo táctico a su rival, para después comenzar a desplegarse. Los equipos se arman se atrás para adelante. Algo fundamental en la categoría. Una vez disciplinado tácticamente, ganó el medio con mucha concentración para imponerse en las segundas jugadas, ante el constante juego largo de los de Biggeri, reiniciaba los ataques lanzando a espaldas de los laterales. Pudo salirle o mostrase impreciso pero en lo estructural empieza a volverse sólido. En lo individual con Gustavo Canto como su punto más alto pero también haciendo un apartado para la labor improvisada de Obradovich como stopper por derecha. ¿Puede sonar a poco todo esto? Seguro, aunque eso le alcanzó para cerrar la sangría de chances claras de gol para los rivales, desde la incomodidad que le demuestra a los adversarios, incluso con todas las complicaciones que se le presentan en el transcurso del juego, como las lesiones de Orellana y Nazareno Kihm. Tan engorroso se le hizo el partido al Albo, que su entrenador debió alterar su esquema, sacando a su mayor arma creativa como Ricky Blanco e intentando con un doble 9 con Apa y Gallo, a los que la pelota no les llegó en ningún momento. Y ese fue el principal mérito de los de Rondina. Objetivos claros: primero bloquea, destruye, después (más, menos) intenta jugar.
Esas son todas las cualidades positivas que se pueden rescatar de la igualdad. Las negativas fueron todo lo que pasó en la etapa complementaria donde perdió la memoria. Ya no pisó el área y peor aún no pudo hacer valer la expulsión de Emiliano Purita, con un equipo local decididamente replegado que plantaba la bandera blanca. Ese tramo final fue donde se volvieron a encender las alarmas por todas las limitaciones que atrae. Pudo tener que ver con la salida de Hoyos quien había sido el único que le dio algo distinto, la inclusión de Menéndez que sin espacios no podía desequilibrar, o que para ese momento con Kabalin por Parisi y todas las modificaciones realizadas, el Huevo ya se había aferrado al puntito pero lo cierto es que igualmente mostró todas sus miserias ofensivas. Un equipo lento, lógico, sin ideas, sin rebeldía táctica, incapaz de vulnerar las dos líneas de 4 que había incrustado Biggeri. Esto hizo denotar que su poca producción fue insuficiente para elaborar huecos que generaran superioridad. Cayó en lo predecible de pelotazos a Mateo, no se esmeró en acumular gente por bandas para desoxigenar el mediocampo en busca de posiciones en carriles centrales y no se animó a arriesgar sumando a Tevez como compañía ofensiva de Mateo (para ese final eran tres centrales vs. Gallo que se paraba en mitad de cancha) al sobrar, de mínima, uno en el fondo. Todo eso confluyó para la conclusión de que cuando Oeste va de punto, el equipo se siente en su zona de confortabilidad que se ve pavorosamente afectada cuando pasa a ir de banca y disponer de la tenencia y el terreno para ser protagonista. Por ende, este modo le ha servido para no perder ninguno de los dos partidos fuera de Caballito, pero se habilita la duda en saber cómo hará en casa cuando disponga un mayor tiempo de la pelota.
El empate termina dejando ese sinsabor con opiniones muy personales y todas válidas. El que quiera caer en la tesitura de que fueron dos buenas producciones para reacomodarse en la tabla de posiciones, volver a sumar y por lo visto en el primer tiempo haber mejorado futbolísticamente, es tan válido respecto al que se sienta insatisfecho e inconforme por lo poco que ofrece el equipo en cuanto a generación con tenencia y acumulación de pases para desbloquear defensas cerradas o las chances de gol generadas hacia sus puntas. No existe una verdad absoluta y esa confusión es la misma que transmite el equipo con las dos caras que mostró en el Malvinas Argentinas. En lo que a mi respecta, me sitúo más cercano al primer grupo al entender que es romántico creer que se puede jugar de igual a igual en todas las canchas, entendiendo que quienes suman más puntos como visitante en la Primera Nacional son los que se plantan de esta forma. Incluso si se hubiese estado fino en la puntería otra hubiera sido la historia, aunque eso ya sería hablar sobre supuestos. Lo que no deja de ser cierto, para la concordancia total, es que de local sí estará exigido a dar más y obligado a usar la posesión y presión como armas principales, dar una evolución en su circuito de juego que lo acerquen al triunfo. En ese caso sí estaré del otro lado de la grieta porque entiendo el pragmatismo como un bien necesario de la categoría. Solo que saltando de un lugar a otro de la grieta de visitante y de local, siempre sabiendo dónde hay que estar parado, puede correrse el riesgo de evitar no caerse y hundirse en ese hueco del cual ya no se podrá salir.
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