Anestesia local
Ferro perdió 1-0 como local frente a Estudiantes de Buenos Aires y volvió a dejar una imagen más que preocupante. Sacó 1 de 9 en casa y sigue sin ganar en Caballito...
Como a esos eventos importantes que hay que ir bien vestido, donde se necesita vestirse de gala con un traje que juste y calce, bajo ese contexto a Ferro parece aunque pasen los años no le encajen y lógicamente, en este caso, estoy hablando del traje de protagonista. Porque jugar como local en la Primera Nacional es más que importante y si la diferencia no la hacés en tu casa no se puede tener aspiraciones a ningún objetivo mínimo. Principalmente en este campeonato, pero excedente a torneos anteriores, Oeste dejó de hacerse fuerte en Caballito. Jugar en el Etcheverri, lejos de ser una fortaleza, no existe certeza que se quede con los 3 puntos. Y hace rato que al equipo se le facilita más de visitante que jugando con su gente. ¿El problema somos los hinchas? Más allá de un nerviosismo razonable por los años de hartazgo, no gana de local porque no sabe dominar el partido a través de la pelota, porque amén de nombres y esquemas siempre queda mal parado, porque como pasó en todos estos partidos juega muy mal.
Entonces, el primer error de Rondina en la última pesadilla Verdolaga fue conceptual: no se puede salir a jugar de local de la misma forma que se juega de visitante. Años y años en esta nefasta categoría, con todos los vaivenes y cambios de formato, evidencia que hay que ser pragmáticos. Que está bien ser más cauteloso de visitante, pero en tu cancha si no salís a proponer desde la ambición, te vas a terminar quedando con las manos vacías. Y apañado en los buenos resultados de los últimos dos partidos se inclinó por reiterar la línea de 5, lo que parecía una idea brillante, aunque de local sonaba a vacío. Porque ese esquema, con tanta conducción de la última línea y el resto tomado, lo obligaba como única manera de búsqueda a saltear a los volantes y, si encima arrancás 0-1 a los 10 minutos, el cuento se cuenta solo. De local no se puede jugar a ver qué pasa, hay que tomar las riendas, y si bien el resultado es circunstancial, salir a buscarlo con ambición es una obligación. Tener la pelota sin profundidad demuestra una carencia y falta de ideas ofensivas, como un equipo que solo se chipea para lastimar con espacios rivales, pero que ante ese deber de salir a ganarlo por estar en desventaja, como pasó, quedaba la horripilante sensación de que en los 97 minutos jugados el equipo no iba a generar una sola chance de gol porque no sabía fabricar esos espacios. No tenía cómo. Como si ni siquiera estuviese ensayado frente a ese escenario. No existía un plan B, por fuera de la especulación.
Por eso es un problema más profundo que excede a los actores individuales. Que la postura los pudo condicionar, seguro, porque Hoyos no tenía capacidad de descarga en las pocas veces que no se intentó dividir, porque las segundas pelotas se perdían todas, lo que constataba lo mal parados que se encontraban en el campo, y porque Olguín y Gómez constantemente fallaban en forma reiterada en cada salida por la presión en bloque medio de Estudiantes, que prácticamente fue metodológico a una forma de jugar, que a sabiendas por su rival evidentemente le iba a servir. ¿Qué hacían los de Grelak? No ahogaban en alto, dejaban que los centrales conducieran, tapaban los laterales y saltaban sobre el volante que bajara a ser armador, forzando ese error en la cesión. Con líneas de pases bloqueadas, entonces, no quedaba otra que recurrir al mal llevado pelotazo y si encima no se ganaban las divididas porque había desventaja 3-4 en zona media, era todo muy fácil para los de Caseros.
Insisto con deslindar de responsabilidad a nombres propios, por más mal que hayan jugado. Como un Nico Gómez o Zubowicz que salen en la foto de los goles como villanos de ese recorte, una defensa que jamás dio seguridad, un Dening que ni siquiera pesó. Cualquiera que entrara iba a tener un nivel por debajo de la media, porque el problema fue estructural. Que solo puedan rescatarse las ganas y entrega de Kihm más la claridad de Obradovich, en el incendiario segundo tiempo, deja entrever que excedió lo individual. Incluso, hasta fue un problema metódico o estratégico. Porque en cada pérdida o en cada pelota parada a favor que derivó en una chance de gol para Estudiantes, se notaba que iba más allá del nombre propio. Porque dos tiros libres de pelotas (mal) preparadas generaron situaciones para la visita de 4 vs. 1, con el tanto de Rostagno incluido. Los de Caseros sabían que Coco Correa y Rostagno debían bloquear el pase por dentro y, una vez generado el error, como flechas partían por las bandas Ardiles y Enzo Acosta, a espalda de los carrileros en mitad de cancha, para estirar la línea de tres centrales, que siempre terminaba corriendo detrás de la jugada.
Y sí, los partidos duran 90 minutos. Se puede corregir en el durante. O empeorar si no se tocan las piezas adecuadas y eso fue lo que terminó pasando. Porque a los 5 minutos ya todos vimos que la línea de 5 en Caballito no funcionaba pero si la respuesta a eso es armar un 4-4-2 con la inclusión de Corda para adelantar a Ozuna, tampoco parecía algo que le fuera a dar más generación de fútbol. Para el final, el Huevo se inclinó hacia un 4-3-3 con Kabalin pero ya no era algo del sistema utilizado, que eventualmente podía acumular más jugadores en ataque o en defensa. Era la esencia. Lentitud en la circulación de pelota, nula movilidad de quienes no conducían la posesión, facilitaban con su estaticidad, para ese entonces, el 4-1-4-1 con los que se protegieron los de Grelak, quienes se fueron sin saber cómo atajaba su arquero Nicolás Campisi, porque Ferro jamás lo inquietó. Parecía un equipo improvisado con las fallas alarmantes en su intento de conexiones, de pases al vacío sin receptores que buscaran. Pero no estaba improvisado, estaba preparado para otra cosa que el desarrollo del partido lo hizo quedar desnudo de todas sus falencias creativas. Si con All Boys, esas miserias de protagonismo se habían notado con uno más durante 15 minutos, ante Estudiantes fue así todo el cotejo. Para que esta vez no haya un García héroe, no haya un milagro, porque no hubo una pizca de fútbol.
La categoría es simple: no perder de visitante (algo que masomenos cumple) y ganar de local (con números espeluznantes en Caballito de las últimas temporadas). Un error, aunque fueron varios frente a Estudiantes, puede pasar. Lo que no puede pasar es esa ausencia de sociedades. Ni siquiera pasa por algo actitudinal, sino en la piedra fundacional cuando se nota que el problema está en la mitad de la cancha, la zona supuestamente más enriquecedora del plantel por nombre y variantes de sus características. Con posibilidades de jugar 4-4-2 o incluso 4-2-3-1, alternándose en un equipo más vertical, si se decide incluir a Marra, Ángel Gónzalez o Menéndez, de mayor tenencia y pase con Castellani, Campos, Hoyos o Cuzzani, o más de combate con Olguín y Gómez, como fue en la derrota frente al Matador. Obradovich, cumple esa mixtura. ¿Entonces hay alguno mejor que otro? No, son de cualidades distintas e incluso combinables, sólo hay que saber elegir los momentos, las circunstancias y los partidos para hacer valer esa opulencia de apellidos. Con las piezas perfectamente encastradas, después fluye. Porque se le puede caer a Mateo, Dening, García que en estos contextos juegan más de espaldas y luchando contra los centrales, que las pelotas claras que puedan dejarles dentro del área. ¿O cuántos pases filtrados desde segunda línea se generaron en 8 partidos? Porque, después, la problemática de no hacerse fuerte como local no es por la desesperación de la gente o hechos de malaria o brujería, se trata simplemente de jugar mejor que el rival y saber aplicarlo. Y Estudiantes fue mejor que Ferro, con el libretito clásico de la Primera Nacional, ese que de visitante se cierra, hace un partido incómodo, hace tiempo. Ese que te dice que no se puede jugar igual de local que de visitante, para dejar de sentir la horrible sensación que al primer gol encajado el partido esté terminado, porque no se sepa qué hay que hacer con la pelotita.
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