Está de diez
Ferro derrotó 1 a 0 a Central Norte, en Caballito, llegó a su cuarta victoria consecutiva y se puso a uno de la punta. Ángel González, tras terrible asistencia de Enzo Hoyos, fue el autor del gol. No nos despierten…
Aunque en los papeles previos, Central Norte se mostraba como un equipo accesible y dócil, este tipo de partidos para Ferro representa una complejidad que ante otros no tiene. Por contexto y momento. El equipo de Sara buscaba seguir consolidándose para buscar su cuarta cuarta victoria consecutiva, frente a un rival colista de la tabla y en su propia cancha. Estos compromisos donde se le cierran atrás, no encuentra espacios, se reitera en centros y laterializaciones son los que tantas veces vimos que terminan rompiendo la ilusión en un durísimo baño de realidad. Por lo cual, la tarde otoñal de Caballito pareció irreal por la superioridad de Oeste que apareció con autoridad cuando tenía que aparecer, que cada vez se vuelve más sólido porque terminó ganándole a algo más que al equipo salteño. Ferro le ganó a esos fantasmas. Ferro le ganó a su rival más difícil. Ferro le ganó a Ferro. Para que todo, desde el ritmo del 10, terminara saliendo de diez.
La mano del entrenador cada vez se nota más. Lógicamente, por su genética, convive a través de la pelota, pero eyectodo por los resultados positivos anteriores tuvo algo muy necesario en este estilo de duelos donde los partidos se juegan en los últimos treinta metros con un ritmo lento y los visitantes no paran de hacer tiempo. Tuvo paciencia. Obviamente que por sus cualidades lo fue a buscar. Pero sin dejar de intentar, nunca se desesperó. Confío. Se empieza asentar desde el 4-1-4-1, mutado por momentos a 4-2-3-1. Sara sabe que para manejar el partido debe manejar el mediocampo, con o sin posesión. Y que para eso suceda no necesita cantidad, ni siquiera calidad, aunque a este equipo parezca sobrarle. Necesita la mejor combinación de sus intérpretes. Y en el equipo puede haber modificaciones en la delantera o la defensa, pero el medio ya sale de memoria. Por su coordinación no necesita de cinco futbolistas en esa zona para manejar el partido, aunque tiene dos complementos como Parisi y Ángel González que muchas veces se incorporan a ese sector. Termina siendo sólido, mejorado incluso en el retroceso pero esa retroalimentación del triángulo del medio que si está sincronizado, más el sacrificio de los de afuera, no tiene fisuras. Contra los de Sciacqua no sufrió.
Con Kabalin, Obradovich y Hoyos cubre todo ese carril central que empieza a ser imposible de progresar para rivales y tiene dinámica con pelota. Porque con sus distintas características y a sus diferentes estilos todos tienen algo en común: saben encontrar los espacios a su modo. El 8 para posicionarse y atacarlos, el 10 con la inteligencia para buscarlos desde el pase y el 5 con las dos cosas, el desdoblamiento para hacer relevos y, de a poco, agregarle llegada al arco rival. Toda esa mixtura es lo que marca la clave en esta racha de victorias.
Esa alteración de sistema, la pauta de un equipo adaptable a momentos para ocupar espacio, la hace con el silencioso Kabalin, que le da el orden y el equilibrio en las dos fases: ofensiva y defensiva. Sabe cuándo cerrarse y pegarse a Obradovich. Pero también aportarle ese despliegue para dar algunos pasos adelantes y volver a llegar a posición de gol. No brilla, no destaca, pero es el engranaje adecuado en un mediocampo perfecto. Cubre y corre para ser ese nexo entre los volantes. Es la cadena del eslabón que le faltaba. Puede ser discutido porque no aparece con grandes flashes. De ellos tres, es el que mejor juega sin pelota y mejor se adapta a los otros dos, bajo su sombra. En tanto que Obradovich es un todo campista, elegante volante de marca que se impone por lectura más que por duelo individual y está tomando más pases en el tercio final cuando se produce el enroque con Kabalin. Con esa soltura termina convirtiéndose, a la inversa de muchos otros casos, en un 5 que por momentos se reconvierte en 10.
El mejor exponente de fútbol que actualmente pueda tener el Verdolaga es Enzo Hoyos. Si se habla de confianza es el mejor ejemplo. Sara le dio la llave y está motivado. Con esa seguridad parece imparable. No por gambeta, sí por visión. Definitivamente la manija del equipo. Con la claridad para romper las defensas rivales de 5-4-1, porque encuentra esos espacios con los filtrados constantes a espaldas de los laterales. Algo ya trabajado cuando los extremos buscan esa diagonal. Empieza pases difíciles e imposibles, como su magistral asistencia a Ángel González. Empieza a asumir riesgos en una zona dañina con una diferencia: el 10 hace correr a la pelota y, de esta forma, pone a todos a correr a su ritmo.
Al orden y equilibrio le sumó intensidad. Otra de las pautas que marca su evolución. Ahora, presiona más y mejor. Si se fallaba un pase en terreno rival, automáticamente los delanteros se convertían en los primeros defensores. Y si esa presión alta no era efectiva entre los dos o tres que buscaban ahogar, con ese posicionamiento era como Kabalin u Obra ganaban la dividida para reconstruir desde la segunda jugada. Por lo tanto, a pesar de que el resultado no estuviese a favor, había paciencia porque el juego estaba bajo control. Desde ahí cimienta esa convicción. Entonces, hubo una buena interpretación táctica del entrenador en el durante, pero también en la previa. El DT demuestra que va a usar el plantel entero en la medida que lo necesite, según rival y momento. Reapareció Kihm como titular y no fue casualidad: sabía que Central Norte no iba a atacar, por lo que entre sus posibilidades de lateral derecho optó por el que tenía mejores características ofensivas. Era un partido para jugarlo con pelota, con mucha gente en campo rival. Parisi y Gonzalez, mientras Dening peleaba con todo por adentro, fueron los que le dieron la movilidad sin referencia. Y ser rápido. El gol es una muestra de ello. Salida con Monetti, intervención de Khim, Hoyos de derecha al centro encuentra un mal retroceso de Central Norte y la velocidad de Ángel González, hijo del viento style, hicieron el resto.
¿El medio sale de memoria? Los cambios, también. Siempre, Olguin y Castellani para mantener esa armonía y esa esencia. Esta vez uno de los que salió fue Kabalin para afianzar un doble eje más combativo y Sara, lejos de bajar el mensaje de retrotraerse con una línea de 5, incluyó a Marra para consolidar un 4-4-2 que sostuviera su idea de ese final de buscar desde la verticalidad. Sufrió levemente, por ese temor crónico que siempre nos invade y porque no fue contundente para cerrarlo con un tanto más, pero volvió a mostrarse como un equipo protagonista en medio de este idilio de ensueño que queremos que se siga extendiendo. Cuando Sara hablaba de que la gente quería que se enamorara de su equipo, va en buen camino. Porque ya no solo enamoran los resultados, sino la autoridad con la que afronta los partidos.
Joya
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